jueves, 4 de junio de 2009

LAS OBRAS ME TALADRAN LA CABEZA


Este lunes comenzarón sobre las 8.30 de la mañana a taladrar con un martillo neumático alrededor del inmueble donde vivo. Fue el "amable" despertador de la mañana, para empezar con fuerza y energía la semana.
Cuando llegué
a casa para comer , sobre las 15.30 seguían taladrando, de una forma tan potente que temblaba la casa, que parecía que estaban detrás de la pared. Y continuaron por la tarde... todo el día sin descanso (y sin dejar descansar para comer viendo el telediario o para echarse una pequeña siesta), dale que dale con ese soniquete que te cala hasta las meninges. Y mi mujer de baja por maternidad y mi niño de 4 meses, los pobres aguantando el lunes entero esa "música celestial".
Yo pensaba que ya habrían terminado con toda la actividad del lunes... pero no.

El martes, puntuales a su cita y para molestar un poco más, a las 8.30 de la mañana ya estaban dándole que te pego. Al irme a trabajar, pregunté a uno de los operarios, con edad más bien de ser uno de los jubilados que se van a ver las obras para matar el tiempo: resulta que están taladrando para meter la luz en el edificio de enfrente.
No sería demasiado sorprendente si no fuera porque el edificio de enfrente lo hicieron nuevo y lo acabaron hace muy pocos meses y acababan de pavimentar toda la zona (obras que también tuvimos que soportar durante demasiado tiempo y que nos provocaron grietas en las paredes y a veces en el ánimo). Ya había gente viviendo ahí desde hacía por lo menos 3 o 4 meses, así que como no estuvieran con luz de obra o con velas, no me explico cómo ponen ahora la luz. Y lo que tampoco me puedo explicar es cómo poco después de adoquinar la calle, de ponerla nueva, se ponen a taladrarla de nuevo para meter los cables de la luz. Lo peor de todo es que seguramente dentro de un mes, vuelvan a abrir la calle a golpe de martillo neumático para meter el cable de Ono, el agua o lo que sea. Es una pena, pero es el pan nuestro de cada día.

¿Por qué no se ponen de acuerdo las empresas responsables en la habilitación de los servicios de un edificio nuevo en abrir sólo una vez y meter todo lo que haya que meter y no estar dándole a la contaminación acústica, además del dispendio económico que lleva andar rompiendo el suelo y luego adoquinándolo de nuevo varias veces en poco tiempo. Claro que en todo esto a más zanjas abiertas hay más dinero que se lleva alguno.

Y
el martes ante mi pregunta inocente de cuándo terminarían de martillear, porque parecía que estaban taladrando directamente en mi casa y "tengo un bebe de 4 meses que imagine cómo lo debe estar sintiendo", el operario con edad de jubilado, de la forma más inocente y con la apariencia de haber resuelto un problema, me dice que le ponga unos tapones al bebé y que el miércoles habrían acabado.

Pero claro, como no hay dos sin tres, el miércoles el implacable "despertador-martillo neumático" volvía a sonar martilleando en nuestras cabezas a las 8.30. Y al salir para irme a trabajar, de nuevo me encuentro con el obrero de "edad avanzada" que me saluda y me pregunta, de nuevo inocentemente, que si le había puesto tapones a mi bebé de 4 meses y que hoy miércoles no terminaban, que a lo mejor el jueves...

Esta noche, ya no me pondré mi reloj despertador "water resistant" (eso será otra historia), ya sé que mis "amigos" del martillo neumático estarán puntuales para despertarme mañana por la mañana. Y todo esto para unos pocos metros de zanja que desgraciadamente rodean justo el perímetro de mi vivienda desembocando en el nuevo edificio.
¡Ay que mundo!

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